Ánimo para la obra
Pues ahora, ¡ánimo, Zorobabel! —afirma el SEÑOR—. ¡Ánimo, Josué hijo de Josadac! ¡Tú eres el sumo sacerdote! ¡Ánimo, pueblo de esta tierra! —afirma el SEÑOR—. ¡Manos a la obra, que yo estoy con ustedes! —afirma el SEÑOR Todopoderoso—.
Hageo 2:4 (NVI)
Zorobabel, el sumo sacerdote Josué y todo el pueblo habían detenido la reconstrucción del templo. Oposición de fuera, cansancio de dentro y comparación con la gloria antigua paralizaron martillos. Dieciséis años de obra detenida. Entonces Hageo trajo la palabra que faltaba del cielo.
Tres veces la misma orden: ánimo. Al gobernante civil, al sacerdote, al pueblo de la tierra. Nadie quedó dispensado del aliento. Dios no esperó sentimientos; mandó cobrar ánimo y volver al trabajo. La obediencia retoma con herramientas en mano, no con emociones en el pecho. Muévete y los sentimientos seguirán.
El fundamento del reinicio era presencia, no fuerza: porque yo estoy con ustedes, afirma el SEÑOR Todopoderoso. Ejércitos celestes sostienen manos cansadas. Quien trabaja acompañado por Dios nunca trabaja solo, aunque el equipo sea pequeño y los recursos escasos. Su compañía compensa cada carencia.
Hoy, nombra la obra que detuviste: el hábito, el ministerio, la reconciliación, el proyecto. Retoma hoy con un solo ladrillo. Obediencia demorada por cansancio se vuelve desobediencia disfrazada de prudencia. Empieza pequeño, pero empieza hoy y sigue mañana.
Y trabaja animado: presencias prometidas sostienen obras detenidas. Retoma hoy la obra. El ánimo reconstruye templos.