El brazo extendido
Extenderé mi mano contra ellos, y convertiré en tierra desolada su país y todo lugar donde habiten, desde el desierto hasta Riblá. ¡Entonces sabrán que yo soy el SEÑOR!
Ezequiel 6:14 (NVI)
Ezequiel anuncia juicio contra los altos de la idolatría: Dios extendería su mano y convertiría la tierra en desolación, desde el desierto hasta Riblá, dondequiera que viviese el pueblo. Juicio con domicilio y alcance definidos. Ninguna geografía protege ídolos. Donde el brazo de Dios se extiende, montes y valles obedecen por igual.
La cláusula final revela el propósito: entonces sabrán que yo soy el SEÑOR. Hasta la desolación sirve a la revelación. Los actos más severos de Dios llevan intención pedagógica: darse a conocer. El juicio divino es lección, nunca crueldad. Dios prefiere tierras desoladas a corazones engañados siempre.
Hoy, pregunta qué altos aún guardas. Los ídolos modernos visten nombres respetables: seguridad, imagen, control, placer. Dios desola lo que compite con Él, no para destruirte sino para revelarse a ti. Pérdidas inexplicables pueden ser brazos extendidos. Busca su rostro dentro de cada ruina.
Desolaciones que enseñan valen más que comodidades que engañan. Examina tus escombros recientes: ¿qué quería Dios que supieses a través de ellos? El propósito convierte desechos en escuela. Quien aprende en la desolación jamás necesita repetir la clase. Trae tus pérdidas y sal con lecciones.
Y entrega los altares: quien pierde ídolos gana al Señor.