Llamados, amados y guardados
A los que son amados por Dios el Padre, guardados por Jesucristo y llamados a la salvación.
Judas 1:1 (NVI)
Judas pudo presentarse de un modo impresionante: hermano de sangre de Jesús, criado en la misma casa que el Salvador. En cambio elige palabras pequeñas: siervo de Jesucristo y hermano de Jacobo. Ni el parentesco lo usa como credencial: prefiere ser siervo antes que celebridad. La humildad verdadera no necesita apellido espiritual; se contenta con servir al Señor a quien otros solo admiran de lejos.
Y después nos describe con tres verbos que nadie puede robar: llamados, amados por Dios el Padre y guardados por Jesucristo. Fíjate en que ninguno depende de nuestro rendimiento: fuimos llamados antes de responder, amados antes de merecer, guardados aun cuando tropezamos. Identidad recibida, no conquistada. Quien entiende esto deja de promocionarse y deja de desesperarse. Ni el aplauso nos define ni la caída nos borra.
Hoy, cambia la credencial por la toalla: sirve sin firmar, ayuda sin publicar, ama sin pasar factura. Y cuando la inseguridad llame, vuelve a los tres verbos: llamado, amado, guardado. Judas, el hermano vuelto siervo, te recuerda que el título más pequeño ante los hombres puede ser el más grande ante Dios. Los títulos pequeños, recibidos con gratitud, abren puertas que la autopromoción jamás abre.