La sabiduría que desconfía de sí
No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al SEÑOR y huye del mal.
Proverbios 3:7 (NVI)
Salomón da un consejo que suena contradictorio: no seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal. ¿Cómo así? La sabiduría de verdad empieza desconfiando de la propia sabiduría. Quien se cree demasiado sabio deja de aprender, deja de escuchar y, lo peor, deja de pedir perdón. Al fin y al cabo, si siempre tengo razón, la culpa siempre es del otro. El orgullo intelectual es la caja fuerte donde el perdón va a morir.
Fíjate en el vínculo que traza el proverbio: temer al Señor y huir del mal caminan junto con no fiarse del propio juicio. Quien teme a Dios sabe que ve poco, y por eso pide consejo, admite errores y da marcha atrás sin vergüenza. El perdón florece en ese terreno: decir «perdóname, me equivoqué» resulta mucho más fácil cuando ya admitimos, de entrada, que podemos equivocarnos. La humildad intelectual abre la puerta que el orgullo cierra por dentro.
Hoy, desconfía de ti mismo en un punto concreto: esa certeza absoluta sobre alguien, esa historia que siempre cuentas igual, ese rencor donde eres juez y parte. Pregunta a Dios si lo ves todo, y pregunta a alguien de confianza si te equivocaste. La sabiduría que desconfía de sí rara vez necesita defenderse; prefiere corregirse y pedir perdón.