La conciencia limpia

· Tema: perdón

Deben guardar, con una conciencia limpia, las grandes verdades de la fe.

1 Timoteo 3:9 (NVI)

Pablo establece una exigencia curiosa para los diáconos, los servidores de la comunidad: deben guardar, con una conciencia limpia, las grandes verdades de la fe. No basta conocer la doctrina ni tener habilidad para servir; hay que llevar el «misterio», el evangelio, sin peso escondido en el corazón. Servir con la conciencia manchada se vuelve teatro: las manos trabajan, pero el corazón se esconde. Dios quiere servidores limpios por dentro, no solo eficientes por fuera.

¿Y cómo se mantiene limpia la conciencia? De la única forma posible: perdonando y siendo perdonado, deprisa y siempre. Cada ofensa guardada es una mancha; cada perdón negado, un peso; cada error escondido, una sombra. Quien salda cuentas cada día, confiesa su propio pecado, perdona la ofensa ajena, duerme ligero y sirve libre. La conciencia limpia no es premio de perfectos, es hábito de perdonados que perdonan.

Hoy, haz una revisión rápida: ¿hay alguien a quien debas perdonar, algún error que debas confesar, alguna conversación que debas tener? No lo dejes para la cena ni para el culto: resuélvelo ahora. Servir a Dios con la conciencia limpia es servir con alegría; y la alegría del servidor limpio contagia a todos alrededor.

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