Las compañías que nos forman

· Tema: relaciones

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados.

Salmos 1:1 (NVI)

El primer salmo no empieza con una orden, sino con una bienaventuranza sobre las compañías: dichoso el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en la senda de los pecadores ni cultiva la amistad de los blasfemos. Fíjate en la progresión: primero se escucha, después se imita, al final se pertenece. Nadie se pierde de una vez; uno se va quedando poco a poco, hasta descubrir que se ha vuelto justo aquello que solo observaba.

Esto vale para las amistades, pero también para las pantallas, la música y las conversaciones: todo lo que consumimos nos forma. El salmo no predica el aislamiento, sino la dirección: en lugar de meditar día y noche en opiniones que se burlan de Dios, el dichoso encuentra su deleite en la ley del Señor. El corazón necesita un lugar donde sentarse; la cuestión es cuál.

Mira hoy tus compañías: ¿quién ha estado moldeando tu ánimo, tus palabras, tus decisiones? Agradece por los amigos que te acercan a Dios y pon límites a las voces que te alejan de Él. Y ve más allá: decide ser tú la buena compañía en la vida de alguien, el amigo que ora junto a otro, que dice la verdad con amor, que tira hacia arriba.

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