Enseñados con amor
Los levitas Jesúa, Baní, Serebías, Jamín, Acub, Sabetay, Hodías, Maseías, Quelitá, Azarías, Jozabed, Janán y Pelaías le explicaban la ley al pueblo, que no se movía de su sitio.
Nehemías 8:7 (NVI)
Trece levitas instruían al pueblo en la Ley mientras todos permanecían de pie. Amor que enseña no despide, acompaña. Esdras leía, los levitas explicaban, el pueblo quedaba. El avivamiento tiene pedagogía: lectura clara, explicación paciente, atención colectiva. El amor soporta preguntas repetidas sin suspirar. Enseñar es amar con pizarra y tiza.
Todos permanecían allí: postura de reverencia y hambre. Pueblo de pie por horas, oyendo ley antigua con corazón nuevo. El amor por la Palabra sostiene cuerpos cansados. Quien ama aprender, queda; quien ama enseñar, explica. Encuentro de hambres produce fiesta: aquel día terminó en alegría y porciones repartidas. Enseñar con amor termina en mesa.
Le explicaban la ley al pueblo: traducción y aplicación. Los levitas hacían entender al pueblo, no solo oír. El amor explica hasta aclarar: lee de nuevo, ilustra, aplica, confirma. Maestro que ama no exhibe saber, remueve ignorancia. Cada duda aclarada es un cautivo liberado. Enseñar es liberar con letras.
Hoy, enseña a alguien con amor: explica la Palabra al nuevo convertido, al hijo, al vecino. Desciende al nivel sin bajar el nivel. Y aprende con amor: quédate de pie ante la Palabra, pregunta sin vergüenza, practica sin demora. Maestros y alumnos del amor edifican iglesias que festejan.
Y enseña amando: amor que explica edifica para siempre.