El don no se compra
¡Que tu dinero perezca contigo —le contestó Pedro—, porque intentaste comprar el don de Dios con dinero!
Hechos 8:20 (NVI)
Simón ofreció dinero por el Espíritu; Pedro respondió: ¡que tu dinero perezca contigo! Paz que el dinero nunca compra. El don de Dios no entra en subasta. La simonía intenta comprar gracia; la gracia no tiene precio porque ya fue pagada en la cruz. Carteras llenas nunca impresionan al cielo.
Porque intentaste comprar el don de Dios con dinero: la reprensión expone el corazón mercantil. Simón pensaba con lógica de mercado llamando a la puerta del milagro. La verdadera paz nace arrepentida, nunca transada. Quien intenta comprar el Espíritu pierde la paz y el dinero. La conversión no acepta tarjetas.
Pedro mandó arrepentirse y orar, esperando perdón. La paz tiene camino: arrepentimiento. Simón pidió oración, señal de temor inicial. La iglesia guarda la puerta de los dones con discernimiento y misericordia. Disciplina que hiere para sanar es cirugía, nunca agresión. La verdad dicha con amor restaura hasta simonías.
Hoy, examina tus compras espirituales: ¿intentas merecer gracia con ofrendas, ayunos, cargos? Descansa: los dones se reciben de rodillas vacías. Agradece lo que ningún dinero compra: perdón, Espíritu, paz. Manos vacías y corazón quebrantado son la moneda del cielo.
Y recibe gratis: paz comprada es guerra; regalada es descanso.