El Vástago justo
Vienen días —afirma el SEÑOR—, en que de la simiente de David haré surgir un vástago justo; él reinará con sabiduría en el país, y practicará el derecho y la justicia.
Jeremías 23:5 (NVI)
Vienen días, afirma el SEÑOR, en que de la simiente de David haré surgir un vástago justo. Memoria de promesa en tiempos de malos pastores. Jeremías denunciaba reyes que dispersaban; Dios anunciaba al Rey que congregaría. Cuando el presente se pudre, la promesa florece. La esperanza tiene nombre y genealogía: Vástago de David.
Él reinará con sabiduría y practicará el derecho y la justicia. Memoria del reinado perfecto aún futuro. Los reyes humanos fallan; el Vástago nunca. Sabiduría sin corrupción, justicia sin parcialidad, derecho sin venta. Cada elección frustrada renueva el hambre por el Rey verdadero. Las urnas decepcionan; su trono, nunca.
De la simiente de David: el pacto davídico florecería en Nazaret y reinaría desde Jerusalén eterna. Memoria que cruza exilios: Babilonia nunca canceló la promesa. Los imperios caen, el Vástago brota. Dios cumple en siglos lo que promete en días. Esperar siglos vale cuando el fruto es eterno.
Hoy, ancla tu memoria en la promesa: el Rey viene. Vota, trabaja y ora, pero espera solo en Él. Los días malos son contracción, no conclusión. El Vástago justo ya brotó en el pesebre y volverá en gloria. Vive como súbdito adelantado del reino que llega.
Y espera el Vástago: memorias de promesa sostienen días malos.