Campos marchitos

· Tema: gratitud

Se han marchitado los campos de Hesbón, lo mismo que las vides de Sibma. Los gobernantes de las naciones han pisoteado los viñedos más selectos, los que llegaban hasta Jazer y se extendían hacia el desierto. Sus sarmientos se extendían y llegaban hasta el mar.

Isaías 16:8 (NVI)

Isaías llora Moab: los campos de Hesbón se marchitaron, las vides de Sibma, antes hasta Jazer y el desierto, pisadas por gobernantes. Gratitud en tierra marchita aprende a llorar con los que lloran. Los profetas nunca celebran ruinas ajenas; lamentan. Las cosechas enemigas también duelen en el corazón de Dios. La compasión no elige bandera.

Los viñedos más selectos pisados: prosperidad pasada vuelta pisoteo presente. Moab confiaba en viñedos; los viñedos se volvieron huellas. La gratitud sabia no se ancla en cosechas sino en el Señor de las cosechas. Los campos se marchitan, Dios permanece. Quien agradece la Fuente sobrevive la sequía del grifo. Raíces profundas ríen de hojas marchitas.

Sus sarmientos llegaban al mar: expansión que parecía eterna se derrumbó en días. Imperios de vides caen como imperios de espadas. La gratitud que cuenta bendiciones sin poseer bendiciones duerme tranquila en cualquier estación. Todo lo que se extiende puede encogerse; solo la misericordia se extiende sin volver atrás.

Hoy, lamenta con esperanza: llora campos marchitos —tuyos y ajenos— pero planta agradeciendo. Riega con lágrimas y cosecha con cánticos, promete el salmo. Las estaciones cambian; el Labrador no. Vides pisadas rebrotan bajo manos que agradecen y obedecen. Tu Hesbón florecerá de nuevo.

Y llora agradecido: campos marchitos regados con gratitud rebrotan.

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