Para que vivamos
Para que vivamos por medio de él.
1 Juan 4:9 (NVI)
Juan revela el propósito de la encarnación: Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de él. Vivir, no solo existir, sobrevivir o entretener. Envió al Unigénito para que muertos vivieran: intercambio glorioso, Hijo entregado, hijos generados. Propósito divino se resume en vida abundante para pecadores.
La alegría de vivos supera lamentos de sobrevivientes. Quien vive por medio de Él carga vida que muerte no mata: enfermedades, crisis y lutos se vuelven comas, nunca puntos finales. Vivir por medio de Él cambia verbos diarios: amar en lugar de temer, dar en lugar de retener, cantar en lugar de murmurar. Vida recibida desborda en vida repartida.
Hoy, vive por medio de Él: respira gracia, anda en novedad, ama sin medida. Para que vivamos: recibe hoy la vida y vive.
Vivos de verdad contagian muertos-vivos. Vive hoy intensamente. Respiraciones de gracia sostienen vidas agitadas constantemente. Inspira hoy cielo, exhala gratitud. Pulmones espirituales necesitan aire divino. Vive respirando oración sin cesar. Muertos-vivos andan sin aliento celestial. Recibe aliento nuevo cada mañana con fe. Y convida a otros a la vida: vivientes convictos evangelizan naturalmente. Invita hoy a uno.