Muchos miembros, un cuerpo
Hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo.
1 Corintios 12:20 (NVI)
Pablo resume la eclesiología con matemática sencilla: lo cierto es que hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo. Muchos y uno: diversidad y unidad en la misma frase. El ojo no prescinde de la mano, la cabeza no despide a los pies. Cada miembro tiene función, límite y honra propios; ninguno es el cuerpo solo, ninguno es prescindible. Dios repartió dones como repartió órganos: con propósito, no por azar.
Las familias funcionan como cuerpos. Padre, madre, hijos, abuelos: miembros distintos con funciones distintas, pero un solo organismo. El problema empieza cuando un miembro quiere ser el cuerpo entero: el padre que decide todo solo, el hijo que ignora a todos, la madre sobrecargada porque nadie «siente» su parte. El cuerpo sano reparte cargas y honras: celebra el pie que sostiene tanto como el ojo que ve. Nadie brilla solo en casa.
Hoy, honra tu lugar y el ajeno: haz bien tu parte sin invadir la del otro, agradece por la función que no es tuya, pide ayuda donde eres débil. Pregunta a la mesa: ¿qué miembro está cansado? ¿Cuál está ignorado? Muchos miembros, un cuerpo, y un cuerpo cuidado dura generaciones.
Los cuerpos se mantienen por la circulación: de amor, de perdón, de servicio. No dejes hoy ningún miembro frío por falta de atención.