Roca como nuestro Dios
No hay roca como nuestro Dios.
1 Samuel 2:2 (NVI)
Ana, la estéril vuelta madre, abre su cántico con teología pura: nadie es santo como el Señor; no hay roca como nuestro Dios. ¡No hay nadie como él! Ella había probado lo contrario de roca: Penina la provocaba, Elí la juzgó ebria, el marido no entendía. Años de arena movediza terminaron en roca: Samuel en brazos, cántico en labios. Quien espera en Dios termina cantando teología.
La gratitud de Ana tiene dirección correcta: «nuestro Dios». Roca no es concepto, es relación: mi roca, nuestro Dios. Mucha gente admira la firmeza divina sin apoyarse en ella; Ana hizo las dos cosas. Y notó el detalle que lo cambia todo: «no hay nadie como él». Competidores de la confianza, ídolos, personas, recursos, se derrumban; solo la Roca permanece. Gratitud es declarar, después de la prueba, dónde se sostuvo durante ella.
Hoy, canta como Ana: nombra tu Penina vencida, tu Samuel recibido, tu Roca probada. No hay roca como nuestro Dios: decláralo en voz alta, escríbelo, cuéntalo. Roca como nuestro Dios: fundamento para el pasado, firmeza para el futuro. Canta hoy tu teología como Ana: declara en voz alta, escríbelo en tu diario y cuéntalo a otros.