Digno eres, Señor
Digno eres de recibir la gloria, la honra y el poder.
Apocalipsis 4:11 (NVI)
Los veinticuatro ancianos lanzan sus coronas ante el trono y cantan: digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas; por tu voluntad existen y fueron creadas. Todo el cielo coincide en un punto: todo existe por Él y para Él. Coronas al suelo, rodillas dobladas, voces unidas: la gratitud cósmica en estado puro.
Nuestra gratitud terrena ensaya esa escena. Cuando agradecemos por el pan, la salud, la liberación, estamos ensayando con acento el himno de los ancianos. Y el motivo es el mismo: porque Él creó y sostiene. Nada de lo que tienes es autoexistente: el aire, el pan, el sueño, la familia, todo «existe y fue creado» por voluntad suya. Reconocerlo a diario es traer el trono a la mesa del café.
Hoy, lanza tu corona: agradece antes de pedir, reconoce antes de reclamar, adora antes de trabajar. Digno eres, Señor: tres palabras que reordenan el día entero. Quien empieza el día en el trono termina el día en paz, sea cual sea la agenda. Empieza el día en el trono y la agenda obedecerá. Coronas abajo, corazón arriba.