Gracia, misericordia y paz
Que Dios el Padre y Cristo Jesús nuestro Señor te concedan gracia, misericordia y paz.
1 Timoteo 1:2 (NVI)
Pablo saluda a Timoteo con tres palabras que forman una escalera: que Dios el Padre y Cristo Jesús nuestro Señor te concedan gracia, misericordia y paz. Fíjate en que, en las cartas pastorales, añade «misericordia», palabra ausente de los demás saludos. Pastores en Éfeso difícil necesitaban algo más que gracia y paz: misericordia para los propios fracasos. Dios conoce la dirección y manda el remedio exacto: gracia para el indigno, misericordia para el caído, paz para el afligido.
La fe recibe en ese orden, sin saltar peldaños. Primero la gracia, favor inmerecido que nos pone de pie; después la misericordia, compasión que nos levanta cuando caemos de nuevo; por fin la paz, serenidad de quien fue recibido dos veces. Timoteo, joven y tímido, liderando una comunidad complicada, necesitaba las tres cada mañana. Y nosotros también: nadie pastorea, trabaja o cría hijos solo con talento. El talento cansa; el triple saludo sostiene.
Hoy, recibe las tres antes de salir: gracia para empezar, misericordia para volver a empezar, paz para continuar. Y entrega las tres a alguien: un Timoteo tuyo que necesita oír justo eso. Gracia, misericordia y paz: el kit de supervivencia que el cielo envía cada día.