Que todo te salga bien
Oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud.
3 Juan 1:2 (NVI)
La carta más corta del Nuevo Testamento empieza con un deseo que cruza siglos: querido hermano, oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente. Juan ora por el cuerpo y las circunstancias de Gayo en la misma frase en que celebra su alma sana. La fe nunca separa lo espiritual de lo material: a Dios le importan tu chequeo y tu trabajo tanto como tu oración. Desear bienestar no es mundanidad, es amor en forma de intercesión.
Fíjate en la condición delicada: «así como prosperas espiritualmente». La salud del alma es el parámetro, no el apéndice. Gayo andaba en la verdad, hospedaba misioneros, vivía el evangelio, y Juan pide que el cuerpo acompañe al alma. El orden importa: primero el alma próspera, después la vida próspera. Quien invierte, cuerpo bien, alma vacía, construye castillos en la arena. La fe pide prosperidad integral, de dentro hacia fuera.
Hoy, ora como Juan por alguien: que tenga salud, que el trabajo le salga bien, que los proyectos avancen. Y examina tu propia alma: ¿va bien? Si sí, pide lo demás con osadía; si no, empieza por ella. Que todo te salga bien, empezando por lo que nadie ve.