Misericordia sin mérito
Tendré clemencia de quien yo quiera tenerla.
Romanos 9:15 (NVI)
Pablo cita las palabras de Dios a Moisés: tendré clemencia de quien yo quiera tenerla, y seré compasivo con quien yo quiera serlo. A primera lectura parece arbitrariedad; en verdad es libertad. Si la misericordia dependiera del mérito, nadie la recibiría, ni yo ni tú. Dios no reparte compasión por puntos, la derrama porque Él es quien es. La misericordia que se merece no se llama misericordia, se llama salario.
Esta verdad humilla y libera al mismo tiempo. Humilla porque quita el control de nuestras manos: no decidimos a quién perdona Dios. Libera porque quita el peso de nuestros hombros: no necesitamos merecer lo ya recibido. Y se desborda hacia las relaciones: si recibí misericordia sin merecerla, ¿cómo negarla a quien me ofendió? El perdón que damos siempre es menor que el perdón recibido.
Hoy, elige a una persona que «no merece» tu compasión, y dala igual. Llama, perdona, ayuda, ora. La misericordia recibida gratis fue hecha para circular. Quien entiende Romanos 9:15 deja de calcular méritos y empieza a repartir gracia. La gracia recibida gratis y retenida por cálculo se pudre en las manos; la gracia repartida se multiplica en el camino. Elige hoy a quién perdonar.