Este es mi mandamiento
Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros.
Juan 15:17 (NVI)
La noche de la despedida, Jesús resume todo en pocas palabras: este es mi mandamiento, que se amen los unos a los otros. No es una sugerencia ni un consejo de autoayuda, es un mandamiento. Y viene justo después de la imagen de la vid: nadie produce amor solo, desconectado del tronco. El amor cristiano no nace del esfuerzo, nace de permanecer. Quien permanece en Él, ama; es consecuencia, no actuación.
Fíjate en el alcance: amar «unos a otros» incluye a los otros de la mesa, incluido aquel que lo traicionaría esa misma noche. Jesús no manda amar solo a quien es amable, manda amar como quien fue amado primero. El mandamiento no depende del mérito del prójimo, depende de la conexión con la vid. Desconectado de ella, hasta el afecto se vuelve obligación pesada; unido a ella, hasta el perdón difícil fluye.
Hoy, en lugar de preguntar si determinada persona merece tu amor, pregunta si estás permaneciendo en la vid. El mandamiento sigue vigente el lunes por la mañana, en el tráfico, en la reunión difícil, en casa. Ama de uno en uno, empieza por el más cercano, y deja que la savia haga el resto.