El consuelo que no se burla
Si alguna plaga acarrea la muerte repentina, él se burla de la angustia del inocente.
Job 9:23 (NVI)
En lo más hondo del dolor, Job lanza una frase impactante: si alguna plaga acarrea la muerte repentina, él se burla de la angustia del inocente. Está equivocado, y quizá lo sabe, pero el dolor habla más alto que la teología. Cuando todo se derrumba, hasta los justos ven a Dios borroso. Job nos enseña que la gente herida dice cosas extremas, y eso no la descalifica; solo revela el tamaño del daño.
Los amigos de Job fallaron justo ahí: en lugar de llorar con él, se burlaron de su integridad con discursos. «Algo habrás hecho», repetían, convirtiendo el consuelo en tribunal. Cuántas relaciones se rompen así, no por la tragedia, sino por el comentario después de la tragedia. La persona en duelo nunca olvida quién apareció con comida y quién apareció con teorías.
Hoy, si alguien cerca de ti dice cosas extremas por el dolor, no corrijas su teología antes de abrazar su herida. El consuelo que sana nunca se burla, nunca ironiza, nunca dice «te lo advertí». Solo se queda, escucha y ora en silencio. Sé el amigo que Job no tuvo, y que Dios siempre es. La presencia silenciosa dice lo que mil discursos no dicen.