El estanque de Betesda

· Tema: memoria

Había allí, junto a la puerta de las Ovejas, un estanque rodeado de cinco pórticos, cuyo nombre en arameo es Betzatá.

Juan 5:2 (NVI)

Juan registra el escenario con precisión de guía: en Jerusalén, junto a la puerta de las Ovejas, un estanque llamado Betesda, rodeado de cinco pórticos. Memoria de lugar prepara memoria de milagro. Dios elige domicilios para sus maravillas. Betesda, casa de misericordia, abrigaba multitudes de enfermos esperando el mover de las aguas.

Cinco pórticos, una multitud, una espera. Pórticos llenos de ciegos, cojos y paralíticos formaban la fila más paciente de Jerusalén. Memoria de espera colectiva: sufrir juntos pesa menos que sufrir solos. La comunidad de los pórticos enseñaba perseverancia sin palabras. Quien espera junto, espera más y murmura menos.

Allí yacía un hombre enfermo desde hacía treinta y ocho años. Memoria larga de dolor encuentra misericordia puntual. Jesús cruzó los pórticos directo hasta él, pasando la multitud. La gracia es personal dentro de lo colectivo. El estanque prometía sanidad eventual; Jesús entregaba sanidad inmediata. Los lugares recuerdan; las Personas transforman todo.

Hoy, visita tu Betesda: ¿dónde has esperado por años? Quédate en los pórticos de la oración, de la Palabra, de la comunión. Y abre los ojos: Jesús camina entre columnas buscando olvidados. Tu espera de décadas puede terminar con una pregunta suya todavía hoy.

Y espera en los pórticos: memorias de espera se vuelven marcas de milagro.

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