Nacer de nuevo

· Tema: obediencia

—¿Cómo puede uno nacer de nuevo siendo ya viejo? —preguntó Nicodemo—. ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y volver a nacer?

Juan 3:4 (NVI)

Nicodemo, maestro en Israel, hizo la pregunta más honesta de la noche: ¿cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre? Su lógica era impecable y su conclusión, imposible. La razón humana mide el milagro con biología y lo declara inviable. Toda obediencia empieza donde la lógica termina su camino.

Jesús nunca discutió anatomía; anunció necesidad: hay que nacer de nuevo, del agua y del Espíritu. Lo viejo no se reforma, se sustituye. La religión intenta mejorar al hombre antiguo; Dios engendra a uno nuevo. Obedecer aquí es consentir en empezar de cero en manos de Otro. Humildad de profesor volviéndose alumno del cielo.

El viento sopla donde quiere, explicó Jesús. El nacimiento espiritual se recibe, nunca se controla. Señales discretas, efectos evidentes: hojas que se mueven delatan viento invisible. Vidas transformadas delatan Espíritu operante. Quien nace de nuevo lleva brisa fresca en gestos antiguos y cotidianos.

Hoy, suelta la pregunta de Nicodemo y recibe la respuesta de Jesús. Deja de intentar entrar al vientre del pasado para arreglar lo que solo el cielo puede engendrar. Entrega la vejez de los hábitos y pide el parto del Espíritu. Nacer de nuevo es hoy, no después de tu funeral.

Y consiente nacer: viejos rendidos ganan comienzos.

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