Noble función
Si alguno desea ser obispo, a noble función aspira.
1 Timoteo 3:1 (NVI)
Pablo dignifica la ambición santa: se dice, y es verdad, que, si alguno desea ser obispo, a noble función aspira. Desear liderar en la congregación no es pecado, es nobleza, siempre que el objeto sea la función, no el título. Obispo aquí es siervo-supervisor: cuidar, enseñar, proteger. La ambición purificada sueña con toallas, no con tronos.
Servir empieza en el deseo correcto. Muchos huyen de responsabilidades por falsa humildad; otros las agarran por vanidad. Pablo bendice el medio santo: desear servir es bueno, siempre que el motivo sea noble. Examen honesto antes de aceptar cargos: ¿aparecer o apacentar? ¿Ser visto o servir? Función noble en manos erradas se vuelve plataforma; en las correctas, altar.
Hoy, examina tus deseos: ¿hay una función noble que evitas por miedo? ¿O un cargo que buscas por ego? Ajusta el motivo y preséntate, o recúsate, ante Dios. Noble función: desearla bien es el primer paso para ejercerla bien.
Dios confía cayados a corazones pastoriles, no a currículos brillantes. Sé pastor hoy. Deseos santos merecen puertas abiertas. Llama hoy con motivación pura y entra.
Y recuerda: la nobleza de la función se mide por el tamaño del servicio, nunca del salario.