Relámpagos en las plazas
Son como antorchas de fuego, como relámpagos zigzagueantes.
Nahúm 2:4 (NVI)
Nahúm pinta la caída de Nínive con colores de guerra moderna: desaforados corren los carros por las calles, irrumpen con violencia por las plazas. Son como antorchas de fuego, como relámpagos zigzagueantes. La máquina militar más temida del mundo en desbandada total: velocidad sin dirección, fuego sin control. El imperio que aterrorizó naciones se vuelve caos cinematográfico. Cuando Dios juzga opresores, hasta la tecnología de ellos trabaja contra ellos.
La gratitud de Judá nace de ese contraste: los relámpagos que un día rayaron sus aldeas ahora rayan las plazas enemigas. Ser librado del opresor merece fiesta, y fiesta con memoria. Israel celebró la Pascua cada año para no olvidar Egipto; Judá cantaría la caída de Nínive para recordar quién pelea por ellos. Gratitud que olvida se vuelve ingratitud en una generación; gratitud que registra se vuelve patrimonio.
Hoy, agradece por las liberaciones que se volvieron paisaje: la enfermedad curada, la crisis superada, el opresor alejado. Cuenta los relámpagos que cayeron lejos de ti, y registra. Relámpagos en las plazas enemigas recuerdan que el General del cielo todavía guerrea por los suyos. Registra hoy tus liberaciones antes de que se vuelvan paisaje.