La brisa del día

· Tema: esperanza

Corrieron a esconderse entre los árboles, para que Dios no los viera.

Génesis 3:8 (NVI)

Después de la caída, el primer sonido que Adán y Eva oyen es el más tierno de la Biblia: los pasos de Dios el Señor que andaba recorriendo el jardín cuando el día comenzó a refrescar. Dios paseando, como quien visita amigos al atardecer. La pareja corre y se esconde entre los árboles, pero fíjate: Dios vino. Incluso después de la desobediencia, aun sabiéndolo todo, Él vino a pasear. La gracia llega a pie, en la brisa, llamando por el nombre.

La esperanza vive en ese paseo. Dios no envió un ángel cobrador ni un rayo del cielo; vino Él mismo, preguntando «¿dónde estás?». Antes de la sentencia, la búsqueda; antes de la maldición, la conversación. Así trata cada caída nuestra: se acerca en la brisa del día, un mensaje, un versículo, una conciencia que pincha, y llama. Quien se esconde retrasa la cura; quien responde adelanta la restauración.

Hoy, oye los pasos: Dios pasea hacia ti ahora mismo. Sal de entre los árboles: las excusas, los escondites, las hojas de higuera. Responde «aquí estoy» en lugar de huir. La brisa del día trae al Dios que busca, y quien es hallado por Él nunca más se pierde.

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