Cuando el río se vuelve sangre
Por todo Egipto se veía sangre.
Éxodo 7:21 (NVI)
La primera plaga cayó sobre el orgullo de Egipto: murieron los peces que había en el Nilo, tan mal olía el río que nadie podía beber, y por todo Egipto se veía sangre. El Nilo, adorado como un dios, se volvió vergüenza nacional. Dios nunca golpea al azar: toca justo donde el opresor confía. Egipto confiaba en el río; el río se volvió sangre. Faraón confiaba en su propio corazón; el corazón se endureció hasta la ruina.
El perdón aprende a entregar la justicia a Dios. Cuando sufrimos opresión, el jefe injusto, el sistema corrupto, el agresor impune, la tentación es hacer justicia con las propias manos o pudrirse en el rencor. El Éxodo muestra el tercer camino: clamar al Señor y dejar que Él toque los «nilos» intocables. Dios ve la sangre invisible que nadie registra, huele el mal que el mundo normaliza y actúa a su tiempo.
Hoy, entrega tu Egipto: esa injusticia que no consigues resolver, ese Faraón que no consigues doblegar. Perdona a la persona, confía el caso al Juez y sigue libre. Cuando el río se vuelve sangre, no es el final: es Dios empezando la liberación.