La lengua que perdona
Chismosas y entrometidas, hablando de lo que no deben.
1 Timoteo 5:13 (NVI)
Pablo advierte a Timoteo sobre un peligro silencioso: viudas jóvenes que se acostumbran a estar ociosas y andar de casa en casa, y no solo ociosas, sino también chismosas y entrometidas, hablando de lo que no deben. La progresión asusta: empieza en el tiempo vacío, pasa por el chisme y termina en la indiscreción. La lengua ociosa rara vez se queda callada; llena el vacío con la vida ajena.
El chisme es lo opuesto al perdón. Perdonar entierra la ofensa; chismear la desentierra y la exhibe de casa en casa. Quien difunde el error del hermano no está «informando», está negando el perdón, y hasta recluta a otros para la misma negación. Por eso Pablo une ocio y maledicencia: manos quietas y corazón herido producen lengua suelta. El antídoto es doble: ocupa las manos en el servicio y el corazón en el perdón.
Hoy, haz un ayuno de chisme: cuando la charla resbale hacia la vida ajena, cambia de tema o sal de ella. Y ve más allá: busca a alguien de quien hablaste y bendícelo en oración. La lengua que poco perdonaba ahora puede perdonar mucho: úsala para edificar, nunca para exponer.