Alabanza en la gran asamblea
Ante los que te temen cumpliré mis promesas.
Salmos 22:25 (NVI)
En el mismo salmo que empieza con el grito «Dios mío, ¿por qué me has desamparado?», David declara: tú inspiras mi alabanza en la gran asamblea; ante los que te temen cumpliré mis promesas. El dolor no lo calló, se volvió repertorio. David decidió que la liberación, al llegar, se cantaría en público, delante de todos. Fe que sufre en secreto y agradece en público.
Las relaciones cristianas necesitan esta dimensión comunitaria: cumplir promesas «ante los que te temen». Testificar ante los hermanos, cantar con la asamblea, contar la liberación en voz alta. Hay victorias que solo se completan al compartirse: el testimonio sella la bendición y enciende la fe de quien escucha. Guardarlo todo para sí empobrece a todos; celebrar juntos multiplica.
Hoy, lleva tu alabanza a la asamblea: cuenta en el grupo, entre amigos, en la mesa de casa lo que Dios hizo por ti. Y cumple en público los votos hechos en secreto: la promesa, la ofrenda, la reconciliación. El tema de tu alabanza viene de Él; el escenario de tu alabanza está en medio del pueblo. Asambleas enteras se han reavivado con un solo testimonio valiente. Lleva el tuyo a la luz y enciende otra fe.