Basta mirar para vivir

· Tema: relaciones

Los que eran mordidos miraban a la serpiente de bronce y vivían.

Números 21:9 (NVI)

Mordidos por serpientes venenosas en el desierto, los israelitas recibieron de Dios una orden extraña: Moisés levantó una serpiente de bronce en un asta, y quien la miraba vivía. Sin remedio, sin ritual complicado, sin peregrinación: solo mirar. La cura no estaba en la fuerza de quien miraba, sino en el objeto hacia donde se miraba. Fe sencilla, resultado extraordinario.

Jesús explicó el sentido de esta historia: como Moisés levantó la serpiente, así el Hijo del hombre sería levantado, en la cruz, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna. El evangelio entero cabe en ese movimiento: mirar a Cristo y vivir. Y nuestras relaciones participan cuando nos señalamos unos a otros a Jesús, en lugar de señalarnos a nosotros mismos. El mejor amigo no es quien lo resuelve todo, es quien señala a quien lo resuelve.

Hoy, si la «mordedura» duele — culpa, miedo, vicio, ansiedad — haz lo más sencillo y lo más difícil: mira. Mira la cruz hasta que vuelva la paz. Y después cuéntale a alguien hacia dónde miraste. Basta mirar para vivir, y basta señalar para amar. La mirada de la fe nunca vuelve vacía, porque la cruz nunca deja de atraer.

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