Esperanza todo el día
Encamíname en tu verdad, ¡enséñame! Tú eres mi Dios y Salvador; ¡en ti pongo mi esperanza todo el día!
Salmos 25:5 (NVI)
David pide: encamíname en tu verdad y enséñame, pues tú eres mi Dios y Salvador; en ti pongo mi esperanza todo el día. Fe que espera el día entero. La esperanza matinal que cruza tardes difíciles y anochece firme. El Dios Salvador sostiene esperanzas diarias. Esperar todo el día cansa brazos, nunca corazones rendidos.
Encamíname en tu verdad: la esperanza pide mapa, nunca solo consuelo. La verdad guía mejor que sentimientos. La fe orientada anda en línea recta en días torcidos. Las enseñanzas divinas calibran pasos. Quien pide guía llega; quien sigue corazonadas yerra. La oración del viajero: guía y enseña, Señor.
Y enséñame: la esperanza humilde aprende. David, rey y guerrero, pedía clases. La fe que se sabe alumna se gradúa en sabiduría. Los enseñables heredan direcciones; los tercos, desvíos. Dios enseña guiando y guía enseñando. Las clases diarias forman discípulos diurnos. Matricúlate de nuevo cada mañana.
Pues tú eres mi Dios y Salvador: la esperanza fundamentada en persona. Mi Salvador —posesivo de experiencia. La fe testifica antes de pedir. David recuerda liberaciones para sostener esperas. El pasado de Dios financia el futuro de la fe. El Salvador de ayer, guía de hoy, esperanza de siempre.
Y espera todo el día: esperanzas diarias heredan eternidades.