La mano restaurada

· Tema: memoria

¡Llévatela otra vez al pecho! —insistió el Señor. Moisés se llevó de nuevo la mano al pecho y, cuando la sacó, la tenía tan sana como el resto de su cuerpo.

Éxodo 4:7 (NVI)

Dios mandó a Moisés llevarse otra vez la mano al pecho; al sacarla, la tenía tan sana como el resto del cuerpo. Memoria de reversión: la misma mano que salió leprosa volvió restaurada. El Dios que hiere para señalar, sana para confirmar. Juicio y misericordia caben en un gesto. Las señales vienen en pares: alerta y alivio.

La mano al pecho, junto al corazón, habla de interior revelado. Lepra súbita expuso corrupción escondida; restauración súbita probó gracia disponible. Memoria que examina: Dios muestra lo que somos para ofrecer lo que Él es. El diagnóstico divino precede a la cura divina siempre. Manos leprosas confesadas se vuelven manos sanas comisionadas.

Moisés obedeció dos veces: puso y volvió a poner. Memoria de obediencia repetida. Las señales exigen gestos, no solo miradas. Quien esconde la mano en el manto por orden, descubre poder en el mismo lugar. Obedecer la orden extraña de hoy libera el milagro de mañana. Manos disponibles cargan señales.

Hoy, presenta tu mano: la lepra que escondes, el pecado que disfrazas, la herida que niegas. Ponla al pecho delante de Él, sácala delante de los hombres. Los restaurados testifican con autoridad. Tu mano sana será señal para faraones que dudan. La memoria de cura se vuelve ministerio de esperanza.

Y muestra la mano: manos restauradas firman testimonios.

Sigue leyendo