Encuentro en el monte
Jetro fue al desierto para ver a Moisés, que estaba acampando junto a la montaña de Dios. Lo acompañaban la esposa y los hijos de Moisés.
Éxodo 18:5 (NVI)
Jetro cruzó el desierto con la esposa y los hijos de Moisés hasta el campamento junto a la montaña de Dios. Reencuentro con olor a gratitud: el suegro que acogió al fugitivo ahora visitaba al libertador. Dios usa suegros, desiertos y montes para coser historias. Ningún éxodo dispensa abrazos en el camino.
La montaña de Dios como escenario no es azar: allí Moisés recibiría consejo y alivio. Jetro vería la carga, enseñaría a delegar y ofrecería sacrificio. La gratitud que visita también sirve. Quien llega agradecido suele partir útil. Las visitas de Dios a menudo calzan sandalias de parientes.
Moisés salió al encuentro de su suegro, se inclinó y lo besó. El libertador de Israel honrando al pastor de Madián. Grandeza que nunca olvida quién abrigó su huida es grandeza aprobada. La gratitud tiene gestos: salir al encuentro, inclinarse, besar, preguntar por el bien. Ritual simple, cielo atento.
Hoy, agenda tu encuentro en el monte: ¿quién necesita tu visita grata? Llama, ve, abraza, agradece. Y recibe consejos como Moisés: humildad de libertador ante suegro anciano. Dios habla en tiendas de reencuentro tanto como en zarzas ardientes. Mantén oídos abiertos en todo lugar.
Y visita con gratitud: encuentros en el monte alivian cargas del valle.