Lentos para aprender
A ustedes lo que les entra por un oído les sale por el otro.
Hebreos 5:11 (NVI)
Hebreos diagnostica con franqueza pastoral: sobre este tema tenemos mucho que decir aunque es difícil explicarlo, porque a ustedes lo que les entra por un oído les sale por el otro. No lentitud de inteligencia: lentitud de disposición. Oídos tapados de pereza espiritual, corazones que mastican demasiado despacio. El escritor tenía a Melquisedec para explicar; los lectores tenían sueño para vencer. Profundidad perdida por desatención.
Valentía es acelerar el aprendizaje espiritual. Salir de la leche a lo sólido exige masticar: leer con lápiz, oír con cuaderno, preguntar sin vergüenza. Lentos para aprender se estancan en guardería teológica: se ofenden con todo, dudan de todo, crecen en nada. Dios tiene «mucho que decir» reservado para oídos rápidos: misterios para hambrientos, sólidos para practicantes.
Hoy, destapa los oídos: lee un capítulo difícil despacio, anota tres lecciones, practica una. Lentos para aprender: acelera hoy y profundiza mañana.
Oídos rápidos reciben revelaciones reservadas. Afila hoy los tuyos con disciplina. Oídos tapados pierden tesoros escondidos en textos difíciles. Entrena hoy con un capítulo denso y medita. Pregunta, anota, practica, enseña: el ciclo completo del aprendizaje que queda. Lentos que aceleran alcanzan rápidos.
Y enseña a alguien: quien enseña aprende dos veces y nunca más es lento.