Líderes sin amenazas
Con él no hay favoritismos.
Efesios 6:9 (NVI)
Pablo da vuelta la mesa de las relaciones de poder: y ustedes, amos, correspondan a esta actitud de sus esclavos, dejando de amenazarlos. Recuerden que tanto ellos como ustedes tienen un mismo Amo en el cielo, y que con él no hay favoritismos. En una cultura donde el amo era ley, el apóstol impone un techo: hay un Señor sobre ti, y Él no tiene favoritos. El liderazgo cristiano empieza donde termina la amenaza.
Amenazar es confesar debilidad disfrazada de fuerza. Quien amenaza no convence, coacciona; no forma, deforma. Líderes que gritan, humillan y presionan cosechan obediencia de vitrina y rebelión de bastidor. Pablo propone lo opuesto radical: trata como quisieras que el Señor común te tratara. Liderar sin amenazas exige lo que amenazar dispensa: carácter, paciencia, ejemplo. Es más lento e infinitamente más fuerte.
Hoy, desarma tu arsenal: sustituye la amenaza por la charla, la presión por el ejemplo, el grito por la enseñanza. Lidera a quien está abajo como quien responde a quien está arriba. Líderes sin amenazas forman equipos sin miedo, y equipos sin miedo producen sin parar.
El Señor común observa amos y siervos con la misma balanza. Lidera hoy como quien será evaluado.
Sin acepción en el cielo, sin amenaza en la tierra. Esa es la regla.