¿Quién podrá vivir?
¡Ay!, ¿quién seguirá con vida cuando Dios determine hacer esto?
Números 24:23 (NVI)
Balán, el profeta contratado para maldecir, termina bendiciendo, y suelta la pregunta que resume todo temor reverente: ¡ay!, ¿quién seguirá con vida cuando Dios determine hacer esto? Ante las visiones del futuro de Israel, hasta el mercenario tiembla. ¿Quién podrá vivir cuando Dios actúe en juicio y salvación? La pregunta no espera respuesta humana; produce la única posible: solo vive quien Él sostiene.
La gratitud nace de ese temor. Saber que Dios es temible y aun así nos guarda convierte cada día común en milagro: despertar, respirar, trabajar, volver a casa. Todo gracia de quien podría consumirnos. Balán vio desde fuera lo que Israel veía desde dentro sin percibir: vivir ante un Dios santo es privilegio, no rutina. Quien entiende la pregunta aprende a agradecer lo obvio.
Hoy, responde a la pregunta con gratitud: vives porque Él sostiene, y no por tu mérito. Agradece por el aire, el pan, la vuelta a casa: milagros disfrazados de rutina. ¿Quién podrá vivir? Quien Él guarda, y Él guarda a los gratos con cariño especial. Vive hoy como milagro sostenido. Las gracias ordinarias son milagros diarios disfrazados de rutina común. Cuéntalas hoy una por una con asombro.