Librados de la ira
Por estas cosas viene el castigo de Dios.
Colosenses 3:6 (NVI)
Pablo escribe a los colosenses una frase solemne: por estas cosas, inmoralidad, impureza, codicia, viene el castigo de Dios sobre los desobedientes. La ira de Dios es real, no metáfora vencida: Él se opone al mal con santa seriedad. Leer esto sin Cristo en el corazón produce terror; leerlo con Cristo produce gratitud explosiva. Porque la pregunta inevitable es: y yo, que practiqué esas cosas, ¿dónde estoy?
Librados de la ira: esa es la respuesta del evangelio. Pablo dice que Dios nos libró del imperio de las tinieblas y nos trasladó al Reino del Hijo: la ira venía hacia nosotros y se desvió en la cruz. Quien está en Cristo no aguarda ira, aguarda encuentro. La gratitud de quien escapó debería ser proporcional al peligro evitado: cuanto mayor la ira de la que fuimos libres, mayor la alabanza que debemos.
Hoy, agradece como quien escapó: recuerda de dónde Dios te sacó, nombra las cadenas partidas, celebra el rumbo cambiado. Y vive como liberado: abandona las prácticas de la ira, viste las del Reino. Librados de la ira, presos de la gracia: el intercambio más ventajoso de la eternidad. Agradece hoy como quien escapó del peligro mayor.